Semana 5
Septiembre 19 del 2025
El Dadaísmo y la ruptura del arte tradicional
El viernes tuvimos una clase muy especial en la que nos adentramos en el Dadaísmo, un movimiento que cambió por completo la forma de pensar y hacer arte. En esta entrada quiero relatar lo que vimos, como si estuviera platicándoles directamente lo que aprendí y reflexioné, porque siento que es una manera de afianzar todo lo que se discutió en clase.
El Dadaísmo y el performance como manifestación artística
El Dadaísmo no buscaba ser un movimiento “bonito” ni “armónico”, sino todo lo contrario: se planteó como una respuesta de rebeldía frente al contexto de la Primera Guerra Mundial. Los artistas dadaístas no aceptaban la lógica, la razón ni las estructuras rígidas del arte clásico.
Aquí entra el performance, donde el cuerpo, la acción y lo espontáneo se convierten en arte. No importa tanto el resultado final, sino el acto en sí mismo. El performance dadaísta podía ser absurdo, ruidoso, improvisado, pero justamente esa era la intención: desafiar lo establecido.
La creación de objetos y el ensamble
Otra de las características del dadaísmo fue la creación de objetos ensamblados, en donde se tomaban elementos cotidianos y se unían de formas inesperadas. Era un cuestionamiento a la idea de que el arte debía salir únicamente del pincel o del talento manual del artista.
Con el ensamble, cualquier objeto podía convertirse en una obra si se le daba un nuevo contexto o una nueva lectura.
La literatura como un acto impulsivo e irracional
En la literatura dadaísta, la escritura dejaba de ser planeada y lógica. Los textos se construían de forma impulsiva, irracional y hasta incoherente. La idea era reflejar la espontaneidad y el inconsciente.
Por ejemplo, se escribían poemas cortando palabras de periódicos al azar y luego uniéndolas sin importar que tuvieran un sentido “claro”. Lo importante era el juego de posibilidades y el romper con la linealidad del lenguaje.
La pintura, el collage y los “ismos”
El dadaísmo influyó en la pintura, pero sobre todo abrió la puerta a nuevas formas como el collage. La técnica de recortar, unir y recombinar imágenes o materiales permitía crear composiciones que mezclaban lo absurdo con lo creativo.
En esta época también se hablaba de los diferentes “ismos”: cubismo, surrealismo, futurismo, etc. Cada uno con su estilo propio, pero todos compartiendo el espíritu de experimentar y romper con lo tradicional.
La fotografía como espacio para el collage
La fotografía se convirtió en una herramienta fundamental para los dadaístas. No solo servía para documentar, sino también para ser recortada, intervenida y transformada en collage. De este modo, una imagen fija podía adquirir nuevos significados.
El Dadaísmo como punto de ruptura
Lo más importante es entender que el Dadaísmo marcó un punto de ruptura: a partir de este movimiento, el arte ya no necesitaba tener el gesto perfecto del artista, ni ser exclusivamente para las élites o los burgueses.
El público también cambió: mientras que antes los burgueses eran los principales consumidores y jueces del arte, con el dadaísmo se abre la discusión sobre quién decide qué es arte y quién lo recibe.
Tristan Tzara y el manifiesto dadaísta
Tristan Tzara fue uno de los grandes representantes del movimiento y escribió el Manifiesto Dadaísta. En él declaraba que el arte no debía seguir reglas rígidas, sino que debía ser libre, absurdo y espontáneo.
Este manifiesto se basaba en una dicotomía constante: orden vs. caos, razón vs. absurdo, tradición vs. ruptura.
El ejercicio en clase: Cadáver exquisito
En el ejercicio del cadáver exquisito, cada integrante del equipo escribió una frase sobre un tema específico en una hoja. En nuestro caso, elegimos el desamor. Una vez que todos terminamos, revolvimos las frases y después las dejamos caer al piso. Según el orden en el que quedaron, las fuimos leyendo en voz alta.
Lo interesante fue que, aunque cada quien escribió su frase de manera individual, al juntarlas y leerlas seguidas parecían formar un relato colectivo. Me llamó la atención que todos nos proyectamos mucho en lo que escribimos, y me incluyo. Fue como si, sin ponernos de acuerdo, hubiéramos compartido pedacitos de nuestras experiencias y emociones sobre el desamor.
Al final, el ejercicio no solo fue un juego creativo, sino también una manera de descubrir cómo un mismo tema puede unirnos y revelar sentimientos que muchas veces compartimos, aunque cada quien los viva a su manera.
Duchamp: pintura, escalera y ajedrez
Marcel Duchamp fue uno de los artistas más provocadores del movimiento. Con obras como la pintura de la escalera, mostró que se podía desafiar la noción de representación tradicional.
Además, Duchamp veía el ajedrez como un arte en sí mismo: no solo un juego, sino una manifestación de estrategia, lógica y creatividad. Para él, el arte no estaba únicamente en el objeto creado, sino también en la idea que lo sostenía.
Diseño y arte. Dora Maar y Picasso
En clase también reflexionamos sobre la relación entre diseño y arte: mientras el diseño suele buscar una función o resolver un problema, el arte busca provocar, emocionar o cuestionar.
Conocimos además a Dora Maar, fotógrafa y artista, conocida también por su relación con Picasso. Ella aportó una visión muy particular desde el surrealismo y la fotografía, mostrando cómo el arte puede ser tanto íntimo como social.
Cubismo: romper y reconstruir la realidad
El cubismo fue un movimiento artístico que surgió entre 1907 y 1917. Lo que buscaba era representar un objeto o una figura desde distintos ángulos al mismo tiempo, en lugar de mostrarlo de una sola perspectiva como en el arte tradicional.
Los artistas cubistas “rompían” las formas naturales y las transformaban en figuras geométricas, casi como si desarmaran algo y luego lo volvieran a armar en un plano. Eso hacía que las obras parecieran más abstractas y estáticas, pero al mismo tiempo daban la idea de varias vistas en una sola imagen.
Lo que más me llamó la atención es que el dadaísmo nos recuerda que el arte no siempre tiene que ser lógico o “bonito”. Puede ser provocador, absurdo, irracional… y aun así tener un gran valor. Me hizo pensar que, en la actualidad, muchas de las cosas que vemos en el arte contemporáneo tienen raíces en este movimiento que decidió romper con todo.
El ejercicio del cadáver exquisito me mostró que cuando soltamos el control y trabajamos en equipo, surgen resultados sorprendentes. Creo que el dadaísmo nos deja como enseñanza que el arte no está en el resultado perfecto, sino en el proceso, la libertad y la intención.
Después de terminar con estos repasos, nos dejaron salir 15 minutos antes porque ese día, 19 de septiembre, se iba a realizar el simulacro. Esta fecha es muy significativa en México, ya que recuerda los terremotos de 1985 y 2017, y por eso cada año se organizan simulacros a nivel nacional para estar preparados en caso de una emergencia real.
En la foto que se muestra montaron una escenografía de accidente con un carro quemado y un tanque de gas, para simular una emergencia realista.
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